viernes, 20 de julio de 2012

Especialización en Vigilancia Ambiental y Ocupacional



Introducción


Según las últimas evaluaciones de cumplimiento de las metas vinculadas a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), Centroamérica continúa rezagada en la incorporación de los principios de desarrollo sostenible (Informes PNUD en los países centroamericanos, 2004, 2009).  Con base en el ODM número 7: garantizar la sostenibilidad del medio ambiente, el Programa Salud, Trabajo y Ambiente en América Central (SALTRA) reconoce la necesidad de incorporar en las políticas nacionales y regionales los principios de desarrollo sostenible, por lo que en sus actividades a realizar contempla fortalecer las capacidades técnicas de los países centroamericanos, y dotar de insumos a los tomadores de decisiones para actuar, así como visibilizar la mutuas sinergias entre la salud ambiental y ocupacional, y así atacar, desde enfoques no tradicionales, la pobreza en la región.
La posibilidad de que los países de la región centroamericana cumplan con sus compromisos de incorporar los principios de desarrollo sostenible en las iniciativas de desarrollo que promueven a lo interno de sus sistemas sociales, va más allá de hacer mención constante de estos principios en los documentos de trabajo y planificación del desarrollo, y pasa por crear y reproducir capacidad de gestión, monitoreo, y evaluación de su contexto ambiental.

 Las universidades centroamericanas han desempeñado un papel de gran relevancia en el progreso de las sociedades centroamericanas, siendo representantes y mediadoras entre los intereses públicos y los privados en el proceso de desarrollo. Por lo anterior, los resultados se dirigen a fortalecer las capacidades de acción e intervención fundadas en la evidencia científica de las universidades, facultándolas para atender preventivamente y participativamente los problemas de salud ambiental y ocupacional de las comunidades de sus países.

La dimensión que alcanza el problema de los riesgos químicos y su repercusión sobre el desarrollo sustentable a nivel mundial se refleja, entre otros, por la proliferación de convenios internacionales bilaterales y multilaterales que involucran la adopción de medidas al respecto en todos los países parte.


La complejidad del problema de los riesgos químicos que afectan a la población mundial, ha ameritado la creación de un Foro Intergubernamental de Seguridad Química (IFCS por sus siglas en inglés), en el seno de la Organización de las Naciones Unidas,  y el desarrollo de un “Enfoque Estratégico al Manejo Internacional de Sustancias Químicas” (SAICM por sus siglas en inglés), en el marco de la Declaración de Bahía sobre Seguridad Química  del IFCS y de las “Prioridades Más Allá del 2000” y diversos convenios como son:



  • Convenio de Basilea sobre movimientos transfronterizos de residuos peligrosos y su disposición
  • Convenio de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes
  • Convenio de Rótterdam sobre intercambio de información y consentimiento previo a la importación de sustancias prohibidas o severamente restringidas
  • Protocolo de Montreal sobre sustancias que deterioran la capa de ozono
  • Protocolo de Kyoto sobre sustancias que tienen efecto de invernadero
  • Convenio de Armas Químicas

Lo anterior, sin embargo, no se ha visto acompañado de la inclusión de los riesgos químicos como un asunto prioritario en la agenda de salud, ni en la de ambiente en la gran mayoría de los países, aunque si ha actuado como detonador de algunas acciones significativas que no han tenido todo el apoyo ni se les ha dado la continuidad que debieran.


Desde la perspectiva de la justicia ambiental, destaca el hecho de que sean las poblaciones que viven en la pobreza, no sólo las más vulnerables a los riesgos químicos, sino las que mayores niveles de exposición a ellos alcanzan, tanto en su vida diaria, como en el ambiente laboral, destacando el hecho de que sean los niños y las mujeres los que se encuentren en mayor riesgo. Además, las sustancias tóxicas pueden incidir sobre la respuesta inmune y agravar los problemas de salud ocasionados por agentes infecciosos, que constituyen un fuerte componente de la carga de enfermedad en la población y empiezan a coexistir con un número creciente de enfermedades crónico degenerativas (como el cáncer) de posible origen ambiental (se considera que alrededor de 30 a 35 % de las enfermedades en la población general y un 15% de las que padecen los trabajadores son de origen ambiental, principalmente derivadas de la exposición a sustancias químicas)[1].

El riesgo de "no hacer nada" nos lleva ver el impacto en el ser humano de estar expuesto sin saber ni conocer las consecuencias de esto, como lo muestra el vídeo a seguir:




Creo que todos queremos un mundo como este de la foto abajo, arco iris y verde, cielos limpios!!!!




Saludos!!!

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